Entre el municipio de Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja y la Merindad de Valdivielso el río Ebro ha configurado un espectacular espacio natural, abriéndose paso entre la Sierra de la Tesla y la Sierra de Tudanca: el desfiladero de Los Hocinos.
Es una larga garganta, por la que el río atraviesa los materiales calcáreos de ambos sistemas montañosos. Bajo las desafiantes paredes verticales de roca caliza, en este recorrido cercano a de tres kilómetros de longitud, existe una verdadera encrucijada vegetal en la que se solapan las dos áreas bioclimáticas que dominan la Península: la atlántica y la mediterránea.
La distribución de las masas boscosas y arbustivas está condicionada por las características edafológicas y de orientación: encinas, enebros y quejigos crecen en las caras orientadas al sur y en las zonas más secas, mientras que boj, madroño, acebo, sabina negra, robles y hayas colonizan las orientaciones norte y las umbrías. El espectáculo de color de la época otoñal y la alegría reinante con la llegada de la primavera hacen de este paraje un lugar obligado para la contemplación.
En este paraje anidan algunas de las rapaces más escasas de la Península Ibérica, destacando el águila perdicera, el águila real, el águila culebrera, el búho real y el alimoche. Pero entre todas las aves que sobrevuelan el lugar destaca el buitre leonado, por la amplia colonia que se cobija en las partes más elevadas del desfiladero, una de las más importantes de España.
Algunos de los cauces y arroyos procedentes de la Sierra de Tudanca confluyen en la Fuente de Marfil, que finalmente vierte sus cristalinas aguas al cercano Ebro. Se localiza en las proximidades del puente nuevo y del área de descanso.
Por esta impresionante garganta discurría uno de los caminos medievales con más historia y tradición de toda Castilla, el Camino Real o Ruta de la Lana, una de las principales vías de comunicación entre Burgos y el puerto de cantábrico de Laredo.
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